Una novela criminal que mezcla Elizondo y una metrópolis imaginada
Dolores Redondo publica Todas las noches, todas las ciudades, descrita por la autora como la entrega más libre de su producción y la continuación de la serie Los valles tranquilos. La obra sale con el aval de Planeta y, según la información publicada por El Mundo, conjuga el escenario pirenaico de Elizondo con la acción trasladada a una ciudad llamada solo Ciudad, que la escritora define como un cruce entre Los Ángeles, Bilbao y Hong Kong.
"A veces, parece que hay una melodía que se va pero luego vuelves a encontrarla. Y hay siempre un ritmo que te sostiene" —dijo Redondo a El Mundo.
En la novela conviven elementos del género criminal con pasajes que la autora asocia al jazz: tensión entre lo abstracto y lo figurativo, y oscilación entre precisión y capricho. Redondo afirma que la música del libro es el jazz y que su texto mantiene un ritmo que dirige la narración.
El relato sitúa de nuevo a Elizondo como punto de partida y desplaza después la acción a Ciudad, un espacio híbrido y deliberadamente indefinido. En la obra aparece, además, la figura de un escritor de novelas criminales que se convierte en detective de sus propias páginas; la narración juega con la idea del impostor y de la identidad creativa.
- La novela es continuación de la serie Los valles tranquilos.
- Planeta publica Todas las noches, todas las ciudades.
- Redondo sitúa la música y el ritmo como elementos estructurales del libro.
En la conversación con El Mundo, la autora relató además un episodio que la desconcertó en su proceso creativo: recordó una vivencia escolar atribuida a su personaje Amaia Salazar y no a ella misma, lo que la llevó a indagar en la frontera entre memoria y ficción. Redondo mencionó, en el mismo reportaje, referentes literarios al hablar de su cambio de registro, citando nombres ajenos a su obra para marcar contrastes estilísticos.
La información publicada por El Mundo ofrece la perspectiva de la autora sobre el tono y el proceso creativo de la novela; el texto sale en un momento en que Redondo mantiene repercusión en el mercado editorial español por su trayectoria en la narrativa criminal contemporánea.