El bloque del líder del Likud obtiene mayoría para formar Gobierno en las elecciones legislativas

Tras cinco elecciones en menos de cuatro años en Israel, el líder conservador Benjamin Netanyahu ha logrado la mayoría para volver al poder. Con el 97% del escrutinio, el bloque del ex primer ministro alcanza 65 de los 120 escaños de la Knésset lo que le permitirá iniciar su tercera etapa al frente del Gobierno. Mientras una profunda tristeza se ha instalado en el heterogéneo campo político creado contra la figura del ex primer ministro (a raíz de las investigaciones y juicio por corrupción) logrando gobernar durante un año, el bloque derechista y religioso de Israel celebra la victoria en el fracturado país.

“Agradezco al pueblo de Israel que acudió en masa a votar. El pueblo quiere que devolvamos el orgullo nacional y un Gobierno estable”, ha afirmado Netanyahu a las tres de la madrugada en un discurso parecido al realizado tras su última gran victoria en 2015. Aunque sabe que la nueva coalición no será fácil de digerir por ejemplo en la Administración Biden, Netanyahu se mostraba eufórico tras una larga campaña electoral en la que logró reactivar el voto en los feudos del Likud. “Se ha demostrado que somos con diferencia el partido más grande de Israel”, proclamó recordando que en las anteriores elecciones su bloque, sin Yamina de Naftali Bennett, se quedó en 52 escaños permitiendo la formación de un Gobierno muy diferente (partidos de la izquierda, centro, derecha y uno del sector árabe) tras los comicios del 2021.

Al frente de la coalición más heterogénea en la historia de Israel, que cayó en junio, el líder centrista Yair Lapid ha obtenido el mayor logro del partido que creó hace 10 años Yesh Atid (Hay Futuro) con 24 escaños a seis del Likud pero insuficiente ante los pésimos resultados de sus aliados en el bloque y los partidos árabes , la movilización de los dos partidos ultraortodoxos y sobre todo el auge del diputado ultranacionalista Itamar Ben Gvir que se unió al partido Sionismo Religioso para convertirse en la tercera fuerza. Para evitar que sea también ministro, se empiezan a escuchar voces a favor de un Gobierno de unidad aunque no parece que sean atendidas al menos al principio.

El vuelco político, si se confirma, se debe también al índice más alto de participación (71,3%) desde 2015. A medida que aumentaba el porcentaje durante la jornada electoral, crecía la preocupación en el bloque de Lapid porque elevaba el umbral de votos (3,25%) y obligaba a los partidos más pequeños, que no se unieron como en la derecha, a una mayor cuota de votos. El partido laborista, el izquierdista Meretz y las tres listas árabes trabajaron hasta el cierre de las urnas. No solo el partido árabe radical Balad no lograba contradecir todos los sondeos a pie de urna y estar en la Knésset sino que Merez también está fuera a la espera de un milagro en lo que queda de escrutinio.

6.788.804 israelíes, 210.720 más que en 2021, estaban convocadas en los comicios más decisivos que se recuerdan . Las 39 listas, desde el Likud hasta el “partido de los piratas” que nunca falla a la cita, buscaron asegurarse el voto de los suyos y atrapar a los indecisos que este fin de semana se calculaba en unos 200.000. Un tercio dudaba si cambiaba de bloque. De ahí llega parte de la virtual victoria conservadora.

El primer ministro más longevo en Israel (96-99 y 2009-2021) ha sufrido y disfrutado de lo que puede suponer un duelo reñido. Sonrió en 96 cuando ganó a Simón Peres por apenas 30.000 votos de diferencia y lloró en 2019 cuando se quedó sin mayoría porque sus aliados en la derecha- aunque enemigos en lo político y lo personal -Naftali Bennett y Ayelet Shaked- se quedaron a 1.400 votos de la Knésset.

Por primera vez desde el 2009, Netanyahu no acudió a las urnas como primer ministro, aunque repitió la estrategia de alentar a los suyos avisando que la votación en los feudos del centro izquierda eran superiores a las del Likud . De hecho, tuiteó una imagen sin detallar que correspondía a las elecciones del 2019. “¡Salid a votar! Tras el aumento de los ataques terroristas, estamos muy cerca de acabar con el Gobierno de Lapid, la izquierda y Abbas”, en alusión al líder del partido árabe Ra’am.

“Espero acabar el día con una sonrisa”, dijo Netanyahu que acudió al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén en la víspera de las elecciones mientras Lapid fue al cementerio para rendir tributo a su padre y superviviente del Holocausto Tommy Lapid. “Siempre me dijo recordar que el milagro más grande que nos ha pasado es que los judíos tengan su propio país. Le prometí esta mañana que seguiremos trabajando duro para asegurar el futuro de este milagro”, señaló antes de votar en su barrio de Ramat Aviv y pedir “ir a votar por el futuro de nuestros hijos”.

Para Lapid , al frente del bloque más heterogéneo y desordenado, el gran objetivo era empatar. Evitar los 61 escaños de su némesis, seguir como primer ministro y atraer miembros de la oposición conscientes que no es lo mismo ser fiel a Netanyahu sin estar en el Gobierno.

El desesperado llamamiento de los líderes de los líderes árabes, enfrentadas entre ellos, se combinó los avisos de la izquierda sobre la posibilidad de que el ultraderechista Ben Gvir sea ministro. “En el pasado también hubo líderes antiárabes, pero luego llegaron al poder y no pasó nada. Ben Gvir es una amenaza más hacía los judíos y sus valores que hacía nosotros“, comenta el analista Jalal Banna a este diario.

“Estamos hartos, pero voto para ver si todo acaba ya”. Esta idea repetida en diferentes versiones recorrió las urnas desde la norteña Galilea hasta el sureño Néguev pasando por la céntrica Tel Aviv. Unos deseaban que todo acabase con la vuelta de Netanyahu al poder y otros, ligeramente menos, con su abandono de la política para ocuparse de su juicio por corrupción. Todos coincidían que unas sextas elecciones serían “demasiado”. Algo que ya dijeron tras las terceras y cuartas en una crisis sin precedentes.

“En el pasado voté a Netanyahu y Bennett pero ahora dudo entre Netanyahu y Gantz”, afirma Edi que se desmarca del que llama “extremista Ben Gvir” . “Se habla mucho de la economía, pero en Israel al final lo que decide es la seguridad“, en alusión a la peor ola de atentados palestinos desde el 2015. Baza que ha jugado a favor del bloque derechista en las urnas más allá de su reacción a la participación de un partido árabe islamista en la coalición en el último año.

Llegadas a Israel hace 12 años desde Ecuador, Mali Vergara y Andrea Ontaneda, votaron por quinta vez desde 2019. “Yo soy más de derechas y deseo que Israel mantenga su esencia judía. En las últimas elecciones voté a Netanyahu pero no quiero que pacte con los radicales, por lo que me planteo votar a Gantz”, explicó Vergara mientras Ontaneda votó al laborismo “porque si no seguro que Bibi es primer ministro. Yo quiero un país libre y sin coacción religiosa“.

A la espera del recuento final este miércoles, Netanyahu acabó la jornada con una sonrisa mucho más amplia de la que habló por la mañana. A los 73 años, su vuelta al poder está muy cerca para gozo del bloque derechista y religioso y disgusto del sector más liberal y secular del país.